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DESNUDEZ

Romper es lo único que debe hacerte. Recorrerte desde los pies hasta las lágrimas y llevarte hasta el éxtasis con sus vibraciones.
Poner de punta hasta al caparazón más duro que tengas.
Tocar a tu puerta y acabar haciéndola polvo, revolverte el aire y hacerte nacer mariposas que arden.
Te acabará desintegrado la piel, dejándote más desnudo que nunca.
Te sacude y te empuja, te abre los ojos y la verdad.
"Conócete", te dirá y te obligará.
Te cambia, te despierta, te salva.
Te dará todo lo que necesitas y lo encerrará en ti.
Mira que bello es aquello que duele, que llora, o que ríe, lo que resuena en tus oidos, lo que susurran sus palabras, lo que te canta al corazón y te despierta las entrañas.
Te da de bruces contra ti mismo y te hace verte en el espejo empapado de lo que llevas dentro.
Calma, enerva, irrita, entristece o reconforta, lo que te eriza, lo que te muestran; las simples notas de una cruda melodía.

A mi pequeño cielo estrellado 🌌

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Estar contigo es como un juego divertido, frágil, bonito, dulce y real, donde tomar caminos nuevos por los que nunca te habías imaginado que pasarías te enriquece y te alarga la aventura irreal que resultó ser lo más real que existe. Y es irónico porque la realidad parece no serlo si no estás. Si no estamos y somos. Se torna gris y espesa, quema y duele. Te silencia y te oprime el corazón mientras te llueve por las mejillas. Al menos eso siento cuando sueño que nuestra realidad se esfuma, y mientras salto y grito para que vuelva se dispersa y se hace añicos. Paso de brillar y vivir a oscurecerme y dormir, sin ti. Y no quiero. No. Te extraño como si no fueses a volver nunca cada vez que te pierdo soñando. Y pienso en qué será de ti, sin mí; y en mí, sin ti. Me siento porcelana rota sin tu voz, que resuena en los recuerdos que me inundan los ojos al despertar. Es ahí cuando averiguo que no quiero eso.
No. Jamás. Porque te necesito, no para aprender, crecer o reír, que sin duda sí; si…

VERANO.

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Siendo niña me imaginaba cómo sería el caminar sobre las nubes. Me invadía la curiosidad por saber si, al tocar el arcoíris, me empaparía de color las manos y la vida. Creía que las estrellas eran pequeños agujeros que tenía el cielo, y que la luna realmente escuchaba mis canciones. Quizás me decepcionó el descubrir que las nubes no son sólidas, que el arcoíris era un simple reflejo. Que los agujeros que veía cada noche no existían como tal y que la luna estaba demasiado lejos como para oirme. Quizás fuese doloroso sentir la ausencia de mi infancia, ver los colores que realmente tiene el mundo. Ver como lentamente desaparecía la magia a mi alrededor.Pero, aquel verano con olor a otoño, me permitió sentir, reír y crecer sobre sus mullidas nubes. Me desveló los cientos de colores que el arcoíris no tenía. Me regaló cada una de las estrellas de nuestro cielo e hizo de luna, escuchando y amando mis canciones, que siempre han tratado y tratan de ti, mi verano.