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Mostrando entradas de enero, 2017

VERANO.

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Siendo niña me imaginaba cómo sería el caminar sobre las nubes. Me invadía la curiosidad por saber si, al tocar el arcoíris, me empaparía de color las manos y la vida. Creía que las estrellas eran pequeños agujeros que tenía el cielo, y que la luna realmente escuchaba mis canciones. Quizás me decepcionó el descubrir que las nubes no son sólidas, que el arcoíris era un simple reflejo. Que los agujeros que veía cada noche no existían como tal y que la luna estaba demasiado lejos como para oirme. Quizás fuese doloroso sentir la ausencia de mi infancia, ver los colores que realmente tiene el mundo. Ver como lentamente desaparecía la magia a mi alrededor.Pero, aquel verano con olor a otoño, me permitió sentir, reír y crecer sobre sus mullidas nubes. Me desveló los cientos de colores que el arcoíris no tenía. Me regaló cada una de las estrellas de nuestro cielo e hizo de luna, escuchando y amando mis canciones, que siempre han tratado y tratan de ti, mi verano.