miércoles, 27 de abril de 2016

*REFLEXIÓN. 1*


Cuántas veces habré estado en esa especie de bucle mental agotador y aparentemente interminable, en el que todo lo que ignoro en la cotidianidad se me viene encima; algo así como la inspiración, inesperada.

Es apasionante, por la cantidad de emociones que produce pensar en el cúmulo de cosas que he vivido, sufrido, sentido o que me quedan por experimentar; pero a la vez me paraliza imaginar la cantidad de tiempo que habré malgastado, los cambios bruscos que he vivido o incluso mirarme a mí misma y no ver quien era hace unos años. 

El futuro me atrae, mucha gente siente terror hacia él; generalmente viene del miedo a lo desconocido e incontrolable. Me atrae porque me asusta, ese sentimiento místico me fascina, nunca sabes lo que va a ocurrir y ¿qué otra cosa sino el miedo, nos va a dar ese toque de sal a la vida?

Otra de las cosas en las que suelo pensar es en el tiempo; fugaz, escurridizo y valioso como nada.
Nos arrastra a una velocidad bestial, sacudiéndonos como si fuese un huracán, aunque a la vez siempre ha ido al ritmo adecuado; cada cosa sucede en su momento y cada momento contiene su explendor y su final, para no volver a ser repetido jamás, y qué ironía, ya que el "jamás" como tal, forma parte de lo que denominamos tiempo, infinito e irrepetible, pero que se repite constantemente.